Estaba acostada en una camilla, en una enorme habitación, donde doce personas me miraban fijo. Entre ellas, estaban Kate, Demetri y Felix.
Un hombre rubio, de ojos color miel, pálido, alto e increíblemente guapo, se acercó lentamente a mí.
-Hola Emma -saludó cortésmente-. Mi nombre es Carlisle Cullen.
-¿Cómo sabes mi nombre? -mi voz sonó rara, como si en vez de hablar estuviera cantando-. ¿Qué estoy haciendo aquí?
-En respuesta a tu pregunta, sabemos tu nombre, puesto que Kate te trajo aquí junto con Felix y Demetri -respondió-. Y estás aquí porque hay un par de cosas que debemos decirte, y que por cierto, no serán fáciles de explicar.
-No comprendo qué es lo que está ocurriendo -dije, presa del pánico-. ¿Qué fue lo que me pasó? ¿Qué estoy haciendo aquí?
Felix se acercó y tomó mi rostro entre sus manos, pero ya no las sentía heladas. Estaban tibias.
-Tranquila Emma. Todo está bien -me tranquilizó-. Cálmate y escucha con atención. Te lo explicaremos todo.
Traté de calmarme pero era imposible hacerlo en tales condiciones. Necesitaba que me lo explicaran. No sabía si sería capaz de tolerar esto mucho más.
-Emma, acabas de convertirte en un ser diferente a todos los demás -me dijo Carlisle-. Es algo difícil de decir y esperamos que lo entiendas. Alice, trae el espejo.
-Sí -afirmó una chica bajita, con pelo corto oscuro, el cual apuntaba en varias direcciones, y aspecto de duende. Era la dueña de la voz cantarina que había oído antes de despertar.
Cuando se dirigió a buscar el espejo, en lugar de caminar, parecía que estuviera bailando.
-Aquí tienes -le entregó uno bastante grande, con marco dorado.
-Emma, mírate en el espejo -me dijo Kate.
Me paré y me acerqué. La chica que se veía reflejada no podía ser yo. Era realmente hermosa, con cabello castaño oscuro con ondas, piel pálida, una figura bien formada y ojos rojos. Eso fue lo que más me asustó. Jamás en mi vida había visto a una persona con ojos rojos.
-¿Soy yo? -pregunté, dudosa.
-Sí, eres tú -respondió Demetri.
-Sé que puede asustar al principio, pero ya te acostumbrarás a tu nuevo aspecto -dijo Carlisle-. Emma, no hay otro modo de decirlo. Te has transformado en un vampiro.
Me quedé atónita. ¿Un vampiro? Se suponía que eran una leyenda. Éstos me estaban jugando una mala broma. ¿Acaso querían matarme de un susto?
-Esto no es broma –habló un chico de cabello cobrizo despeinado y ojos color miel-. No es lo que piensas.
-¿Cómo has…? No es posible que supieras lo que estaba pensando- le repliqué.
-Ésa es otra de las cosas que debemos explicarte -dijo una mujer con cabello de color caramelo, ojos color miel y rostro en forma de corazón. Ahora que me daba cuenta, todos los presentes, excepto Kate, Demetri, Felix y un chico moreno, alto y musculoso, tenían ojos color miel.
-Algunos vampiros tienen dones -afirmó Carlisle.
-¿Dones? -pregunté, confundida.
-Pueden tener “talentos especiales”. Como Edward -señaló al chico de cabello cobrizo-. Él puede leer la mente de humanos, vampiros y hombres lobo. Por esa razón supo lo que estabas pensando.
-¿También existen los hombres lobo?
-Sí, pero iremos de a poco. Te hablábamos de los dones. Algunos vampiros poseen alguno, como Alice. Ella puede ver el futuro, aunque no siempre es “exacto” -señaló a la chica bajita- , Jasper puede controlar las emociones –apuntó a un chico rubio, que al parecer era pareja de Alice, ya que la rodeaba por los hombros con un brazo- y Demetri es un rastreador.
-Pero no todos tienen dones -continuó Kate-. Aún no sabemos si tendrás uno, pero más adelante lo sabremos.
-Lo que todos los vampiros pueden hacer es correr y volar a una velocidad sobrehumana -dijo Alice.
-¿También pueden nadar a velocidad sobrehumana?- pregunté.
-Sí -afirmó.
-Entonces, -miré a Felix con horror- eres un vampiro y siempre lo has sido.
Felix asintió.
-¿Kate? -esta vez miré a mi amiga.
-Yo soy semivampiro. Mitad vampiro, mitad humana -parecía trise-. Hubiese querido contártelo, pero esa es la ley más importante de todas.
-¿Ley?
-La ley dice que no debemos revelar nuestra identidad. En todo caso, si desobedeces, te castigan con la muerte.
-¿Quieres decir que debo ocultar mi identidad vampírica?- pregunté.
Kate asintió.
-¿Hay algo más que quieras saber? -dijo Carlisle.
-Me gustaría que me contaran todo sobre los vampiros. Cosas que deba hacer y cosas que no deba hacer.
-De acuerdo. Primero, antes que nada, debes saber que sólo te alimentas de sangre, no puedes ingerir alimentos. Segundo, nunca te expongas a la luz del sol si hay humanos cerca. Tercero…
-¿Qué ocurre si me expongo a la luz del sol? -interrumpí.
-Creo que debes verlo por ti misma -dijo.
Me tomó del brazo y me llevó al patio trasero. El día estaba soleado. Cuando lo miré bien, pude ver que su piel brillaba, como si fuera un diamante. Rápidamente voltee para ver mi brazo, y observé que también brillaba.
-Por eso no debes exponerte a la luz del sol cuando hay humanos cerca -dijo Carlisle.
-Es…
-Todo puede ser confuso al principio. Ahora volvamos adentro.
Volvimos a entrar y nuevamente me senté en la camilla.
-Otra cosa que debes saber es que no puedes tener hijos. Y tampoco puedes dormir.
-¿No puedo tener hijos? -cuestioné.
Carlisle negó con la cabeza.
-Lo sentimos, Emma, seguro debes tener sed -dijo Edward.
Me quedé pensativa.
-Ven conmigo -Kate se adelantó y me rodeó por los hombros-. Te enseñaré a cazar.
-¿Cazar?
-Tú sólo sígueme.
Por segunda vez en el día, me llevaron afuera.
-Cazaremos un par de osos, ¿te parece? -preguntó.
-¿Cazar un par de osos? ¿A qué te refieres?
-Carlisle te dijo que una de las cosas que hacen los vampiros es beber sangre, ¿no?
-Sí.
-Pues bien, nosotras beberemos sangre de oso.
En ese momento, un chico alto, forzudo y de cabello oscuro, salió.
-Mmm, mi alimento preferido -dijo, con una sonrisa burlona en los labios-. Me encantan los osos. Llévenme con ustedes.
-Vete, Emmett -le mandó Kate-. Esta es una caza de chicas.
-No es justo. Siempre que hacen una caza de chicas no me dejan ir -puso cara de corderito-. Por favor, déjenme ir con ustedes.
Estaba a punto de decirle que nos acompañara, pero la mujer de cabello caramelo lo impidió.
-Basta, Emmett, no entretengas más a las chicas. Emma y Kate tienen que ir a cazar- le regañó.
-Está bien, Esme –dijo, dándose por vencido.
-No las entretenemos más, vayan de caza. Por cierto Emma, me llamo Esme -se presentó con una sonrisa.
-Mucho gusto -la saludé cortésmente.
Di media vuelta y Kate y yo echamos a correr hacia el bosque.
Comprobé que era cierto lo que había dicho Carlisle. Era realmente rápida. Increíble. Jamás había podido correr de esa manera. Me sentía como si estuviese volando.
-¡Detente, Emma! -exclamó Kate en ese instante.
Me detuve en seco y voltee a verla.
-No sigas corriendo -me advirtió-. Pisarás el territorio de La Push.
-¿Y qué con eso?
Kate se acercó.
-¿Recuerdas que preguntaste si existían los hombres lobo y Carlisle te dijo que te explicaría más adelante?
-Sí, lo recuerdo.
-Pues bien, déjame decirte que los hombres lobo son nuestros enemigos. Ambos se diferencian de muchas maneras. Tú tienes la piel fría, y la de ellos, en cambio, es cálida.
-No te sigo, ¿qué tiene que ver todo eso?
-Hace mucho tiempo hubo un problema entre vampiros y hombres lobo. Según escuché, un aquelarre de vampiros estaba cazando en las tierras de La Push. Un hombre lobo llamado Ephraim Black los descubrió, por supuesto que se enojó mucho.
» Hicieron un tratado en el que decía que si un vampiro volvía a pisar ese lugar, les revelarían a los humanos sobre su existencia.
-¿Por eso me dijiste que me detuviera?
Kate asintió.
-Es algo complicado, pero ten en cuenta que no puedes ir a La Push.
Recordé lo que me había dicho Embry: “hay una reserva ahí que se llama La Push. Es el lugar donde vivo.” Eso significaba que no podría verlo. Nunca.
-¿Qué te tiene tan pensativa? -Kate rompió el silencio que se había formado.
-Nada -respondí.
-Entonces vamos a cazar un par de osos pardos.
En el momento en que íbamos a echar a correr nuevamente, un delicioso aroma invadió el aire.
-Huelo algo -le dije a Kate.
-¿Cómo qué?
-No sé como explicarlo.
-¿Sabes de dónde viene el aroma?
Asentí, y señalé el norte del bosque. Kate me miró con asombro.
-¿Sabes una cosa Emma? Naciste para ser vampiro. No sabes nada de caza y sin embargo has podido identificar el olor de la sangre de siete osos.
-¿Siete? -cuestioné.
Kate asintió, luego tomó mi brazo y, nuevamente, echamos a correr en la dirección que había señalado. Al rato, llegamos al lugar donde estaban nuestras “presas” y, sigilosamente, nos escondimos detrás de unos arbustos.
-¿Y ahora qué? -pregunté en un susurro.
-Sigue a tu instinto.
Salí de mi escondite y me lancé sobre el oso más grande. Sin dudarlo dos segundos, abrí mi boca y clavé mis dientes en la garganta del animal. Kate me imitó, y luego de más o menos media hora, volvimos a la mansión Cullen, con nuestras ropas manchadas de sangre.
-¿Qué tal la caza?-preguntó Carlisle cuando vio que nos acercábamos.
-No fue tan difícil -respondí.
Kate estaba a punto de decirle algo a Carlisle cuando Alice nos interrumpió.
-Supongo que ya sabes como me llamo -se dirigió a mí con una ancha sonrisa en los labios.
-Por supuesto, Alice -le devolví el gesto-. Y también conozco a Esme, a Carlisle y los demás integrantes de la familia. Excepto a ella -señalé a una chica de cabello caoba y ojos color chocolate.
-Ella es Bella.
Bella se sonrojó y se acercó a mí.
-Mucho gusto, Emma- saludó.
Iba a saludarla pero no pude articular ninguna palabra. El olor de su sangre era realmente delicioso, incluso más que la de los osos.
Noté que todos me miraban con atención, como si tuvieran miedo de que la atacara. Entonces recordé lo que había dicho Kate el día que me transformaron, acerca de convertirme en un monstruo. Se refería a matar gente.
-¿Emma? -Bella se acercó más.
Instintivamente, me alejé de ella y salté alto hasta llegar a quedar parada sobre la rama de un árbol.
-¿Cómo lo hiciste? -preguntó Jasper.
-¿Hacer qué cosa? -lo miré, confundida.
-No la atacaste -parecía impresionado-. Te alejaste de ella cuando oliste su sangre.
- Bueno, -comencé- recuerdo que cuando estaba muriendo, Kate habló acerca de convertirme en un monstruo. Supuse que se refería al hecho de matar gente, y no quiero arrebatar la vida de las demás personas.
Bajé del árbol, aterrizando con un ruido sordo.
-Realmente impresionante -dijo Carlisle-. No muchos vampiros son capaces de ese tipo de autocontrol.
-¿Autocontrol?
-Es un control que todo vampiro debe tener para no atacar a nadie.
-¿Hay más cosas que deba saber sobre los vampiros?- pregunté.
-Muchas -respondió Esme-. Pero mejor vayamos adentro.
A medida que entrábamos iba pensando que tal vez la vida de vampiro no fuera tan mala. Forks me había llevado a esto. Pronto encontraría la razón por la cual me sucedieron todas estas cosas.
-Ojala encuentres la respuesta -dijo Edward.
-Gracias -agradecí. Ya no me impresionaba que pudiera saber lo que estaba pensando.
Los demás nos miraron confundidos y yo sólo negué con la cabeza.
Este sería un nuevo comienzo. Lleno de sorpresas, alegrías, tristeza, amigos, familia.
Y quizá un nuevo amor.
Esto era tan solo el principio de mi nueva vida. Una vida como vampiro.
14 agosto 2010
13 agosto 2010
2- Una pesadilla hecha realidad
Estaba perdida en medio de un bosque.
Había sido tan tonta. Tendría que haber pedido indicaciones. O aunque sea decirle al taxista que me explicara el camino. Ahora me encontraba en mi pesadilla. Mi pesadilla hecha realidad. En el bosque, con un lobo enorme, que no era humano pero tampoco sabía si era un animal.
Me miraba con sus ojos oscuros, los cuales se veían amenazantes.
Dejé mis valijas en el suelo con cuidado. No quería hacer ningún movimiento brusco, porque parecía que en cualquier momento iba a atacarme. Sentía que la sangre huía de mis venas. No sabía si sería capaz de quedarme allí parada por mucho tiempo.
Seguida más por un impulso que por otra cosa, eché a correr, sin saber bien adonde me dirigía.
A pesar de lo exhausta que estaba, corría como si me persiguiera el mismísimo diablo.
Había un montón de ramas esparcidas por el suelo, y tuve la mala suerte de tropezar con una y esguinzarme el tobillo. Me dolía mucho. Traté de ponerme de pie, pero al apoyarlo casi dejo escapar un grito por el dolor que me provocó.
Me di la vuelta y ahí estaba ese lobo. Lo más extraño es que me miraba con compasión, como si lo entristeciera el hecho de que me halla lastimado. Obvio que no me iba a fiar de esa mirada. Disimuladamente, agarré una piedra que había junto a mí y la lancé lo más lejos que pude, haciéndola caer en un arbusto, que hizo ruido. Cuando giró la cabeza para ver de donde provenía, aproveché mi oportunidad para escapar. A pesar de mi esguince, corrí, dando todo mi esfuerzo.
No sé cuanto tiempo estuve huyendo, pero de lo que sí estaba segura, era que el lobo me perseguía.
Seguí corriendo y corriendo, hasta que me detuve en seco. No podía ser, mi pesadilla se volvía realidad cada vez más.
Estaba frente al acantilado. Uno que podría tener unos 30 metros de altura. Al pie de éste, se veía el mar, que al parecer, el día de hoy no estaba nada tranquilo.
Me dí la vuelta para retornar mi camino. Sin embargo, no pude ir a ninguna parte. Él estaba ahí, bloqueando la salida, justo como en el sueño. Nada de esto debía estar pasando. Seguro que estaba dormida. Sí, eso es. Debo estar soñando.
Cerré los ojos y volví a abrirlos. Gran error al cerrarlos. El lobo se había acercado aún más. Retrocedí hasta quedar parada en el borde del acantilado. Fue acercándose más, y yo no podía moverme, porque sino, me caería.
Un extraño sonido interrumpió mis pensamientos. No, por favor, que no sea lo que estoy pensando.
Desgraciadamente, un pedazo de roca se rompió. La mala suerte es que era donde estaba parada. Ni siquiera pude gritar. Todo esto me tomó por sorpresa.
Comencé a caer a gran velocidad. Al poco rato, quedé sumergida en el mar. El agua estaba helada. Mi cuerpo se congelaba tanto que no lo sentía. Apenas podía ver lo que ocurría a mi alrededor, pero mis brazos, mis piernas, incluso mi corazón, no los sentía. Sólo pude sentir que mi cabeza chocaba contra algo duro, dejándome algo inconsciente.
Al parecer, mi falta de conciencia me estaba jugando una mala pasada, porque lo vi acercarse hacia mí, a una velocidad sobrehumana. Se parecía mucho a Felix, pero no podía ser él. Las personas no nadaban a esa velocidad. Seguro me estaba volviendo loca.
Él se acercó cada vez más. Cuando lo tuve a escasos centímetros de mi cuerpo, pude verlo bien. Era él. Felix.
Cerré los ojos. No quería ver nada en esos momentos. Cuando los volví a abrir, observé que su rostro se encontraba cerca del mío. Colocó sus manos en mis mejillas y posó sus labios sobre los míos. Respondí a ese beso con todo lo que me quedaba de fuerza. Pero me faltaba el aire.
Dirigió sus manos hacia mi camisa e hizo lo mismo que había hecho en el avión. Me la quitó, y luego se centró en quitarme el short, cosa que logró con facilidad, dejándome en ropa interior. Sin embargo, mis pulmones no dejaban de clamar aire.
Al parecer, Felix supo lo que me pasaba, ya que me tomó por la cintura y me llevó hasta la superficie. Una vez que mi cabeza quedó fuera del agua y pude volver a respirar, sentí alivio.
-Fe… Fe… Felix -articulé con dificultad debido a la poca fuerza que me quedaba.
-Tranquila, Emma, estarás bien.
Ni siquiera tenía fuerzas para gritarle por haberme dejado semi desnuda. No me sentía nada bien, al contrario. Sentía que me iba muriendo poco a poco.
Felix me acercó más a su cuerpo y comenzó a besarme con fiereza. Sus manos acariciaban mi espalda de arriba hacia abajo. Yo apenas sabía lo que estaba ocurriendo. Intentó quitarme el top que llevaba puesto, pero traté de impedírselo. Mi energía descendía cada vez más.
Como no podía apartarlo, aprovechó para sacármelo, cosa que le llevó sólo unos pocos segundos. Sus manos acariciaban mi cuerpo, hasta el punto de llegar a mi busto. Quise apartarlas de allí, pero no podía. Aprovechaba mi falta de fuerza para sacar el mayor provecho posible.
Me sentía indefensa.
No entendía por qué lo atraía tanto mi cuerpo. Jamás había tenido cuerpo de modelo. Los hombres preferían las mujeres rubias y con muchas curvas. Yo, en cambio, tenía el pelo morocho y era delgada. Mi busto no era tan grande, pero tampoco era pequeño. Mis piernas no tenían chiste y mi cintura era pequeña.
Lo único bueno que tenía eran mis ojos. Eran verdes profundos, como solía decir mamá. Decía que había heredado la mirada del abuelo. Me parecía más a mi padre con respecto al físico, pero el carácter era igual al de mi mamá.
Un inmenso dolor me trajo de vuelta a la realidad. Me había roto un hueso de la pierna. ¿Cómo? No lo sé.
Felix me miró con preocupación, y, sorpresivamente, volvió a colocarme el top. Me tomó por el brazo y comenzó a nadar. Lo último que sentí fue su fría mano en mi piel. Después, todo se volvió oscuro.
Me había llegado la hora de morir.
Tenía mucho frío. Unos helados brazos me estaban cargando como si fuera una bebé, llevándome a quién sabe dónde.
No estaba muerta. Todavía.
Lo único que esperaba era que la muerte viniera por mí, para así encontrarme con mis padres.
Mis padres.
Tenía ganas de llorar. ¿Cómo era posible que me hubiesen dejado abandonada, en este mundo tan injusto, lleno de maldad y tristeza, pero a la vez lleno de dicha y felicidad? Aún no estaba preparada para enfrentarme a esto. Y menos si lo hacía sola.
Quería abrir los ojos, pero estaba tan débil que apenas podía respirar.
-Felix -dijo la voz de ¿Kate?-, ¿qué le ocurrió?
-Cayó al mar desde el acantilado -respondió-. Por desgracia, el agua estaba demasiado fría. Y además las olas eran muy fuertes.
Una mano helada acarició mis ojos.
-Emma, por favor, despierta -suplicó Kate.
No puedo Kate. Apenas tengo fuerza para respirar, pensé.
-¿Creen que debamos transformarla? -¿Demetri?
¿A qué se refería con transformarme? ¿De qué estaba hablando?
-No lo sé -dijo Kate-. No quiero hacerle esto a mi amiga.
-¿Preferirías que muriera? -preguntó Felix.
-No, pero tampoco quiero que tenga esta vida. Ella merece mucho más que esto.
Explícate Kate. ¿A qué te refieres con “tener esta vida”?
-No quieres que se transforme en un monstruo, ¿verdad? -preguntó Demetri.
¿Transformarme en un monstruo?
-Exacto -susurró-. Pero no quiero que muera. Se ve que es una chica que tiene mucho para dar.
-Te diré lo que haremos. Le pediremos una opinión a Carlisle -sugirió Felix-. Después de todo, él sabe lo que dice.
-De acuerdo.
Al poco rato, sentí que me dejaban, cuidadosamente, sobre una superficie blanda.
-Lo llamaré -dijo Demetri.
¿A qué se referían con transformarme en un monstruo? ¿Acaso ellos lo eran? Nada de esto tenía sentido.
El tiempo pasaba, no sabía si de manera lenta o rápida.
Mi corazón se iba debilitando con cada latido que daba.
-Deprisa, Demetri -Felix sonaba preocupado-. Los latidos de su corazón suenan débiles. En cualquier momento llega a su fin.
-Está muy pálida, -dijo Kate con desesperación- sus labios están blancos como la cal y no hay color en sus mejillas. La hora se acerca poco a poco.
-Hola, Carlisle -saludó Demetri. ¿Quién demonios es Carlisle?- Escucha, ha surgido un problema. Felix acaba de traer a una chica que está moribunda. El problema es que es amiga de Kate y no sabemos si transformarla o no. ¿Tú qué opinas?
Se hizo un silencio que pareció eterno.
-De acuerdo. Gracias por el consejo.
-¿Qué te dijo? -preguntó Kate rápidamente. Al parecer, Demetri ya había terminado de hablar con Carlisle.
-Dice que hagas lo que a ti te parezca correcto –le respondió.
-¿Qué quieres hacer? -le cuestionó Felix.
-No quiero perderla -parece que esa decisión no era fácil para ella-. Transformémosla.
-Está bien. ¿Quieres hacerlo tú?
-No, no lo haré. ¿Y si no soy capaz de controlarme? Terminaré matándola. Su sangre es deliciosa.
¿Controlarte de qué? ¿Desde cuándo puede una persona sentir el olor de la sangre de otra y decir que es deliciosa?
-Carlisle dijo que podíamos hacerlo a la manera tradicional o inyectándole la ponzoña directamente en el corazón.
¿Inyectarme ponzoña? ¿Qué es la ponzoña? Me están volviendo loca.
-Kate, no veas esto -le advirtió Felix.
Cuando terminó de decir esas palabras, sentí que alguien se acercaba a mi rostro.
Una mano fría acarició mi mejilla y pronunció unas palabras:
-Perdóname por esto, Emma.
En ese momento, unos dientes filosos se clavaron en mi cuello.
Todo se volvió negro. Todo era oscuridad. Las voces de las personas que había conocido se habían apagado. Pero no sabía si para siempre. Parecía haber vuelto atrás en el tiempo. Empecé a acordarme de un montón de cosas.
Mi infancia. La recordaba con perfecta claridad; mi hermanastro Daniel, quien me había hecho sufrir durante poco tiempo (el cual, más que corto, pareció eterno); los chicos de la secundaria, quienes no eran muy amables conmigo. Luego, recordé lo que había sucedido el día de hoy: cuando conocí a Kate, mi nueva amiga; la vez en la cual mi pesadilla se volvió realidad y estaba frente a ese enorme lobo de ojos oscuros.
Muchos recuerdos de mi vida comenzaron a pasar por mi mente. Algunos dolorosos, otros felices.
La vida puede ser muy confusa, dulce, e incluso, amarga.
Esos dientes filosos hacían que me invadiera un dolor el cual me sentía incapaz de poder soportar. Como si unos cuchillos estuvieran desgarrando mi cuello.
¿Por qué me estaba ocurriendo todo esto? ¿Acaso estaba predestinado?
Mi padre siempre decía que si las cosas sucedían era por algo en especial. Por más malo que fuera, a veces podía traer increíbles resultados. Había una razón por la cual me ocurría esto, y voy a encontrar la respuesta.
El tiempo se hizo interminable. Podrían haber pasado horas, días, meses, incluso años. No sé cuánto tiempo pasó. Pero ya estaba harta de no entender nada.
-¿Cuánto tiempo más seguirá así, Alice? -¿Kate?
-Unos cinco minutos -respondió una voz cantarina.
-Han pasado cinco días -dijo Felix-. ¿Por qué no despierta?
¡¿Cinco días?! ¡¿Acaso había estado cinco días inconsciente?!
-Estaba demasiado débil -explicó una voz masculina que no reconocí-. Pero sin duda alguna, será toda una belleza, y también será fuerte.
-Dos minutos -volvió a escucharse la voz cantarina.
Quería abrir los ojos, pero los sentía pesados. Quería saber dónde estaba. Quería saber si estaba muerta o viva.
-Un minuto.
Me di cuenta de que ya no sentía dolor. Había desaparecido. Ya no sentía esos cuchillos clavándose en mi cuello.
En ese momento, abrí los ojos.
Había sido tan tonta. Tendría que haber pedido indicaciones. O aunque sea decirle al taxista que me explicara el camino. Ahora me encontraba en mi pesadilla. Mi pesadilla hecha realidad. En el bosque, con un lobo enorme, que no era humano pero tampoco sabía si era un animal.
Me miraba con sus ojos oscuros, los cuales se veían amenazantes.
Dejé mis valijas en el suelo con cuidado. No quería hacer ningún movimiento brusco, porque parecía que en cualquier momento iba a atacarme. Sentía que la sangre huía de mis venas. No sabía si sería capaz de quedarme allí parada por mucho tiempo.
Seguida más por un impulso que por otra cosa, eché a correr, sin saber bien adonde me dirigía.
A pesar de lo exhausta que estaba, corría como si me persiguiera el mismísimo diablo.
Había un montón de ramas esparcidas por el suelo, y tuve la mala suerte de tropezar con una y esguinzarme el tobillo. Me dolía mucho. Traté de ponerme de pie, pero al apoyarlo casi dejo escapar un grito por el dolor que me provocó.
Me di la vuelta y ahí estaba ese lobo. Lo más extraño es que me miraba con compasión, como si lo entristeciera el hecho de que me halla lastimado. Obvio que no me iba a fiar de esa mirada. Disimuladamente, agarré una piedra que había junto a mí y la lancé lo más lejos que pude, haciéndola caer en un arbusto, que hizo ruido. Cuando giró la cabeza para ver de donde provenía, aproveché mi oportunidad para escapar. A pesar de mi esguince, corrí, dando todo mi esfuerzo.
No sé cuanto tiempo estuve huyendo, pero de lo que sí estaba segura, era que el lobo me perseguía.
Seguí corriendo y corriendo, hasta que me detuve en seco. No podía ser, mi pesadilla se volvía realidad cada vez más.
Estaba frente al acantilado. Uno que podría tener unos 30 metros de altura. Al pie de éste, se veía el mar, que al parecer, el día de hoy no estaba nada tranquilo.
Me dí la vuelta para retornar mi camino. Sin embargo, no pude ir a ninguna parte. Él estaba ahí, bloqueando la salida, justo como en el sueño. Nada de esto debía estar pasando. Seguro que estaba dormida. Sí, eso es. Debo estar soñando.
Cerré los ojos y volví a abrirlos. Gran error al cerrarlos. El lobo se había acercado aún más. Retrocedí hasta quedar parada en el borde del acantilado. Fue acercándose más, y yo no podía moverme, porque sino, me caería.
Un extraño sonido interrumpió mis pensamientos. No, por favor, que no sea lo que estoy pensando.
Desgraciadamente, un pedazo de roca se rompió. La mala suerte es que era donde estaba parada. Ni siquiera pude gritar. Todo esto me tomó por sorpresa.
Comencé a caer a gran velocidad. Al poco rato, quedé sumergida en el mar. El agua estaba helada. Mi cuerpo se congelaba tanto que no lo sentía. Apenas podía ver lo que ocurría a mi alrededor, pero mis brazos, mis piernas, incluso mi corazón, no los sentía. Sólo pude sentir que mi cabeza chocaba contra algo duro, dejándome algo inconsciente.
Al parecer, mi falta de conciencia me estaba jugando una mala pasada, porque lo vi acercarse hacia mí, a una velocidad sobrehumana. Se parecía mucho a Felix, pero no podía ser él. Las personas no nadaban a esa velocidad. Seguro me estaba volviendo loca.
Él se acercó cada vez más. Cuando lo tuve a escasos centímetros de mi cuerpo, pude verlo bien. Era él. Felix.
Cerré los ojos. No quería ver nada en esos momentos. Cuando los volví a abrir, observé que su rostro se encontraba cerca del mío. Colocó sus manos en mis mejillas y posó sus labios sobre los míos. Respondí a ese beso con todo lo que me quedaba de fuerza. Pero me faltaba el aire.
Dirigió sus manos hacia mi camisa e hizo lo mismo que había hecho en el avión. Me la quitó, y luego se centró en quitarme el short, cosa que logró con facilidad, dejándome en ropa interior. Sin embargo, mis pulmones no dejaban de clamar aire.
Al parecer, Felix supo lo que me pasaba, ya que me tomó por la cintura y me llevó hasta la superficie. Una vez que mi cabeza quedó fuera del agua y pude volver a respirar, sentí alivio.
-Fe… Fe… Felix -articulé con dificultad debido a la poca fuerza que me quedaba.
-Tranquila, Emma, estarás bien.
Ni siquiera tenía fuerzas para gritarle por haberme dejado semi desnuda. No me sentía nada bien, al contrario. Sentía que me iba muriendo poco a poco.
Felix me acercó más a su cuerpo y comenzó a besarme con fiereza. Sus manos acariciaban mi espalda de arriba hacia abajo. Yo apenas sabía lo que estaba ocurriendo. Intentó quitarme el top que llevaba puesto, pero traté de impedírselo. Mi energía descendía cada vez más.
Como no podía apartarlo, aprovechó para sacármelo, cosa que le llevó sólo unos pocos segundos. Sus manos acariciaban mi cuerpo, hasta el punto de llegar a mi busto. Quise apartarlas de allí, pero no podía. Aprovechaba mi falta de fuerza para sacar el mayor provecho posible.
Me sentía indefensa.
No entendía por qué lo atraía tanto mi cuerpo. Jamás había tenido cuerpo de modelo. Los hombres preferían las mujeres rubias y con muchas curvas. Yo, en cambio, tenía el pelo morocho y era delgada. Mi busto no era tan grande, pero tampoco era pequeño. Mis piernas no tenían chiste y mi cintura era pequeña.
Lo único bueno que tenía eran mis ojos. Eran verdes profundos, como solía decir mamá. Decía que había heredado la mirada del abuelo. Me parecía más a mi padre con respecto al físico, pero el carácter era igual al de mi mamá.
Un inmenso dolor me trajo de vuelta a la realidad. Me había roto un hueso de la pierna. ¿Cómo? No lo sé.
Felix me miró con preocupación, y, sorpresivamente, volvió a colocarme el top. Me tomó por el brazo y comenzó a nadar. Lo último que sentí fue su fría mano en mi piel. Después, todo se volvió oscuro.
Me había llegado la hora de morir.
Tenía mucho frío. Unos helados brazos me estaban cargando como si fuera una bebé, llevándome a quién sabe dónde.
No estaba muerta. Todavía.
Lo único que esperaba era que la muerte viniera por mí, para así encontrarme con mis padres.
Mis padres.
Tenía ganas de llorar. ¿Cómo era posible que me hubiesen dejado abandonada, en este mundo tan injusto, lleno de maldad y tristeza, pero a la vez lleno de dicha y felicidad? Aún no estaba preparada para enfrentarme a esto. Y menos si lo hacía sola.
Quería abrir los ojos, pero estaba tan débil que apenas podía respirar.
-Felix -dijo la voz de ¿Kate?-, ¿qué le ocurrió?
-Cayó al mar desde el acantilado -respondió-. Por desgracia, el agua estaba demasiado fría. Y además las olas eran muy fuertes.
Una mano helada acarició mis ojos.
-Emma, por favor, despierta -suplicó Kate.
No puedo Kate. Apenas tengo fuerza para respirar, pensé.
-¿Creen que debamos transformarla? -¿Demetri?
¿A qué se refería con transformarme? ¿De qué estaba hablando?
-No lo sé -dijo Kate-. No quiero hacerle esto a mi amiga.
-¿Preferirías que muriera? -preguntó Felix.
-No, pero tampoco quiero que tenga esta vida. Ella merece mucho más que esto.
Explícate Kate. ¿A qué te refieres con “tener esta vida”?
-No quieres que se transforme en un monstruo, ¿verdad? -preguntó Demetri.
¿Transformarme en un monstruo?
-Exacto -susurró-. Pero no quiero que muera. Se ve que es una chica que tiene mucho para dar.
-Te diré lo que haremos. Le pediremos una opinión a Carlisle -sugirió Felix-. Después de todo, él sabe lo que dice.
-De acuerdo.
Al poco rato, sentí que me dejaban, cuidadosamente, sobre una superficie blanda.
-Lo llamaré -dijo Demetri.
¿A qué se referían con transformarme en un monstruo? ¿Acaso ellos lo eran? Nada de esto tenía sentido.
El tiempo pasaba, no sabía si de manera lenta o rápida.
Mi corazón se iba debilitando con cada latido que daba.
-Deprisa, Demetri -Felix sonaba preocupado-. Los latidos de su corazón suenan débiles. En cualquier momento llega a su fin.
-Está muy pálida, -dijo Kate con desesperación- sus labios están blancos como la cal y no hay color en sus mejillas. La hora se acerca poco a poco.
-Hola, Carlisle -saludó Demetri. ¿Quién demonios es Carlisle?- Escucha, ha surgido un problema. Felix acaba de traer a una chica que está moribunda. El problema es que es amiga de Kate y no sabemos si transformarla o no. ¿Tú qué opinas?
Se hizo un silencio que pareció eterno.
-De acuerdo. Gracias por el consejo.
-¿Qué te dijo? -preguntó Kate rápidamente. Al parecer, Demetri ya había terminado de hablar con Carlisle.
-Dice que hagas lo que a ti te parezca correcto –le respondió.
-¿Qué quieres hacer? -le cuestionó Felix.
-No quiero perderla -parece que esa decisión no era fácil para ella-. Transformémosla.
-Está bien. ¿Quieres hacerlo tú?
-No, no lo haré. ¿Y si no soy capaz de controlarme? Terminaré matándola. Su sangre es deliciosa.
¿Controlarte de qué? ¿Desde cuándo puede una persona sentir el olor de la sangre de otra y decir que es deliciosa?
-Carlisle dijo que podíamos hacerlo a la manera tradicional o inyectándole la ponzoña directamente en el corazón.
¿Inyectarme ponzoña? ¿Qué es la ponzoña? Me están volviendo loca.
-Kate, no veas esto -le advirtió Felix.
Cuando terminó de decir esas palabras, sentí que alguien se acercaba a mi rostro.
Una mano fría acarició mi mejilla y pronunció unas palabras:
-Perdóname por esto, Emma.
En ese momento, unos dientes filosos se clavaron en mi cuello.
Todo se volvió negro. Todo era oscuridad. Las voces de las personas que había conocido se habían apagado. Pero no sabía si para siempre. Parecía haber vuelto atrás en el tiempo. Empecé a acordarme de un montón de cosas.
Mi infancia. La recordaba con perfecta claridad; mi hermanastro Daniel, quien me había hecho sufrir durante poco tiempo (el cual, más que corto, pareció eterno); los chicos de la secundaria, quienes no eran muy amables conmigo. Luego, recordé lo que había sucedido el día de hoy: cuando conocí a Kate, mi nueva amiga; la vez en la cual mi pesadilla se volvió realidad y estaba frente a ese enorme lobo de ojos oscuros.
Muchos recuerdos de mi vida comenzaron a pasar por mi mente. Algunos dolorosos, otros felices.
La vida puede ser muy confusa, dulce, e incluso, amarga.
Esos dientes filosos hacían que me invadiera un dolor el cual me sentía incapaz de poder soportar. Como si unos cuchillos estuvieran desgarrando mi cuello.
¿Por qué me estaba ocurriendo todo esto? ¿Acaso estaba predestinado?
Mi padre siempre decía que si las cosas sucedían era por algo en especial. Por más malo que fuera, a veces podía traer increíbles resultados. Había una razón por la cual me ocurría esto, y voy a encontrar la respuesta.
El tiempo se hizo interminable. Podrían haber pasado horas, días, meses, incluso años. No sé cuánto tiempo pasó. Pero ya estaba harta de no entender nada.
-¿Cuánto tiempo más seguirá así, Alice? -¿Kate?
-Unos cinco minutos -respondió una voz cantarina.
-Han pasado cinco días -dijo Felix-. ¿Por qué no despierta?
¡¿Cinco días?! ¡¿Acaso había estado cinco días inconsciente?!
-Estaba demasiado débil -explicó una voz masculina que no reconocí-. Pero sin duda alguna, será toda una belleza, y también será fuerte.
-Dos minutos -volvió a escucharse la voz cantarina.
Quería abrir los ojos, pero los sentía pesados. Quería saber dónde estaba. Quería saber si estaba muerta o viva.
-Un minuto.
Me di cuenta de que ya no sentía dolor. Había desaparecido. Ya no sentía esos cuchillos clavándose en mi cuello.
En ese momento, abrí los ojos.
Amor Prohibido
Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Algunos son de mi invención. Espero que les guste la historia.
PREFACIO
Jamás imaginé que mi vida cambiaría para siempre gracias a la incondicional ayuda de los Cullen y de Kate y Holly, mis mejores amigas.
Pero sobre todo de un hombre lobo.
Un hombre lobo de ojos oscuros que resplandecían bajo la luz de la luna; un cuerpo dispuesto a interponerse entre el mío y las balas para evitar que saliera herida; unos labios carnosos que no sólo servían para besar, sino también para las palabras de aliento, que resultaban reconfortantes; unas manos que podían secar las lágrimas de la tristeza.
Aún no lograba entender por qué no podía existir el amor entre los hombres lobo y los vampiros.
Amaba a Jacob más que a nada en el mundo.
¿Quién podía resistirse a sus encantos?
No importaba el lugar donde me encontrara, porque si en noches de luna llena escuchaba aullar a un lobo, me sentía feliz.
Él estaba ahí, para quedarse siempre a mi lado y luchar por nosotros.
Forks
Allí estaba yo, sola, en medio de un bosque. Me había perdido, y caminaba sin rumbo a ninguna parte.Mi vista recorría el lugar una y otra vez, buscando a alguien que me pudiera ayudar.
En eso, mi mirada se detuvo sobre algo.
Ese algo no era humano, pero tampoco sabía si era un animal. Parecía un lobo. Era enorme, de pelaje rojizo, ojos oscuros. Y miraba en mi dirección.
El miedo comenzó a apoderarse de mí. Fue tan grande que eché a correr.
No sabía si me seguía, pero lo único que quería era escapar de semejante criatura.
Corrí como nunca antes lo había hecho, hasta que me detuve.
Estaba frente a un acantilado, el cual se veía muy alto. Traté de dar marcha atrás, pero el lobo bloqueaba la salida, sus ojos se veían amenazantes, cosa que me hacía temblar de pies a cabeza. En ese momento supe que estaba perdida. Si me lanzaba desde allí, con suerte saldría viva.
De repente, escuché un ruido extraño, y antes de que me diera cuenta, un pedazo de roca se rompió, justo donde estaba parada.
Comencé a caer a gran velocidad, hasta que mi cuerpo quedó sumergido en las aguas.
Las olas eran tan fuertes que lograron que diera mi cabeza contra una piedra. Al sentir el golpe, mi vista se nubló.
No sé si lo vi porque no veía bien en ese momento, o porque él realmente estaba ahí, nadando a una velocidad sobrehumana para llegar a donde estaba.
Se acercó más, y más, y más.
Cerré los ojos. No quería ver nada.
Cuando los volví a abrir, lo tenía delante de mí, y su sonrisa dejaba ver unos colmillos blancos y afilados.
Su boca se fue acercando a mi cuello lentamente, y entonces…
-Señorita, ¿se encuentra bien?
Abrí los ojos rápidamente.
Gracias al cielo, sólo había sido una pesadilla. Una muy fea. Parecía tan real que creí que realmente era perseguida por ese lobo.
-Señorita.
Me giré para encontrarme con la azafata, que tenía expresión de estar preocupada.
-Sí, estoy bien. Es sólo que tuve una pesadilla y me asusté. ¿Podría traerme un vaso de agua?
-Enseguida. ¿Segura que está bien?
-Sí.
Miré por la ventana del avión mientras esperaba que me trajeran el vaso. Necesitaba beber algo después del mal sueño que había tenido.
Últimamente, había tenido muchas pesadillas. Todas éstas comenzaron desde que mis padres murieron en ese accidente de auto.
Flashback
-Regresaremos a medianoche. Sabes que no me gusta dejarte sola, y menos a estas horas de la noche- me dijo mamá. Nunca le había gustado el tema de que me quedara sola en casa.
-Mamá, tengo 17 años, sé cuidarme perfectamente.
-Lo sé Emma, es sólo que no puedo evitar pensar en lo que podría pasarte durante nuestra ausencia.
-No te preocupes. Si llega a pasar algo te llamo al celular. Ahora relájate y váyanse a disfrutar su aniversario.
-Recuerda cerrar la puerta con llave y no abrirle a nadie- me recordó papá.
Papá me recordaba eso siempre que salían. Sabía que su preocupación era grande, pero me cansaba que lo repitiera tantas veces.
-Sí papá. Ya no se demoren más y vayan a cenar o de lo contrario, la mesa que reservaron se la darán a otra persona.
-Adiós hija -me dijo mamá dándome un beso en la mejilla.
-Que lo disfruten. Y no se preocupen más. Estaré en la sala leyendo "El jardín secreto".
-¿Qué no te cansas de ese libro? Te lo has leído como 20 veces -me dijo papá con aire divertido.
-No. De todos los que tengo, ese es uno de mis favoritos.
-Eres una aburrida total.
Le respondí sacándole la lengua.
Él rió ante mi expresión y luego se marcharon hacia el restaurante.
Miré mi reloj. Eran las 9 de la noche, por lo que decidí prepararme unos sándwiches para comerlos acompañados de mi libro.
Había pasado un largo rato leyendo, porque cuando miré la hora, ya era medianoche.
Cuando mamá decía que volverían a la medianoche, a esa hora volvían, por lo que supuse que llegarían en un rato. Era una mujer muy puntual.
Subí las escaleras para ir al baño a cepillarme los dientes y el pelo.
Luego de atarlo en una coleta, bajé a la sala y me recosté en el sofá, ya que en mi habitación hacía un poco de calor.
Me tapé con una sábana y poco a poco fui sumiéndome en un profundo sueño.
Me desperté a eso de las 8 de la mañana y lo primero que noté, fue que había mucho silencio.
Subí a la habitación de mis padres para comprobar que hubieran llegado. Pero cuando abrí la puerta, me encontré con la cama vacía.
Bajé corriendo las escaleras para dirigirme al garaje, pero el auto no estaba ahí. Esto era muy raro, rarísimo.
Algo en mi interior me decía que algo malo les había pasado.
Decidí calmarme y desayunar. De seguro habían tenido un problema en el trabajo, con lo cual se marcharon mientras yo seguía dormida. O en todo caso, si no regresaban hasta la tarde, daría aviso a la policía.
En el momento en que me disponía a calentar el agua para el té, sonó el timbre.
Fui a abrir la puerta y me encontré con un oficial de policía.
-¿Qué se le ofrece? -le pregunté.
-¿Es usted Emma Stone? -dijo, muy serio.
-Sí, soy yo.
-Soy el oficial Sterrant. No sé como decirle esto- parecía nervioso. Algo había ocurrido.
-¿Tiene que ver con mis padres? -pregunté, con miedo.
-Sí. ¿Pero cómo sabe que vengo a hablarle precisamente de sus padres?
-Bueno. Pensé en ellos inmediatamente, pues anoche fueron a celebrar su aniversario. Dijeron que volverían a medianoche pero no lo han hecho- esto me ponía loca cada vez más.- Estoy muy preocupada. Ellos siempre vuelven a la hora acordada, y además, si hubiesen salido esta mañana temprano, habrían dejado una nota sobre la mesa, como lo hacen siempre para que yo sepa que volverán en unos momentos.
-Entiendo. Bueno, como ya sabe, vine a darle una noticia sobre sus padres. Ellos…
-¿Es una noticia buena o una noticia mala? -pregunté, interrumpiéndolo.
-Este…
-¡Dígalo de una vez! -casi grité-. Lo siento oficial… lo que ocurre es que me estoy desesperando. Por favor, dígame qué es lo que lo ocurrió a mis padres.
-De acuerdo. Esto es algo muy difícil de decir, pero el hecho es que sus padres acaban de fallecer.
Me quedé sin palabras. No sentía mis piernas, por lo que me sostuve con el marco de la puerta. No podía ser cierto.
-Esto debe ser una broma. ¡Mis padres no pueden estar muertos! -grité.
-Señorita, por favor, cálmese y venga conmigo. Debe identificar los cadáveres.
Era imposible que estuvieran muertos.
-De acuerdo, iré con usted y le demostraré que no son mis padres.
Una hora después, estaba en mi casa, llorando a todo lo quedaban mis lágrimas.
Los cadáveres que habían encontrado eran de mis padres. Me costaba creerlo. Ya no tenía a nadie. Estaba sola en el mundo.
De repente, me vino a la mente la imagen de una persona.
Sin dudarlo un solo momento, me acerqué hasta mi computadora para enviarle un mail al único que podría ayudarme.
"Querido Embry:
Necesito tu ayuda inmediatamente. Mis padres acaban de fallecer y no tengo nadie que pueda estar conmigo en momentos tan difíciles como este.
Con cariño,
Emma."
Ahora sólo necesitaba esperar su respuesta.
Eran las 5 de la tarde cuando sonó el teléfono.
-¿Diga?
-Emma, soy yo -dijo una voz que esperaba oír.
-¡Embry, cuanto me alegro de oírte!
-Acabo de leer tu mail y no dudé un solo segundo en llamarte. Tengo una solución.
-¿Cuál es? Dímela -pedí con impaciencia.
-Múdate a Forks- me contestó.
-¿A Forks?
-Sí, hay una reserva ahí que se llama La Push. Es el lugar donde vivo.
-¿Pero cómo llegaré allí? -pregunté con tono preocupado.
-Por eso no te preocupes, acabo de sacar un boleto de avión. Saldrá el lunes a las 9 de la mañana. Tienes tres días para prepararte.
-¿Cómo podré pagarte todo lo que estás haciendo?
-No tienes porqué -dijo-. Es un placer para mí ayudarte. Ahora no pierdas tiempo y ponte a arreglar las maletas.
-Gracias, Embry, te veré en unos días.
-Adiós, y lamento mucho lo de tus padres -dijo con voz triste.
-Son cosas de la vida por las que todos pasamos. Hay que aprender a superarlas.
-Sí, tienes razón. Adiós Emma.
-Adiós, Embry.
Apenas colgué el teléfono, subí a mi habitación a preparar mis maletas para mudarme a Forks, el lugar donde comenzaría mi nueva vida.
Fin del flashback
Miré la ventanilla. Todavía no lograba superar ese momento. El ver sus cadáveres ahí en la morgue me había dejado sin alma, sin vida, sin aliento.
-Te voy a ganar, Felix. Esta vez estoy segura.
-No es cierto. Voy a ganarte por tercera vez consecutiva.
Me giré para ver de dónde provenían esas voces, y al hacerlo, descubrí a las tres personas más hermosas de este planeta.
Había una chica extremadamente pálida. Su rostro era perfecto, incluso pensé que una diosa griega tendría envidia de ella. Tenía el pelo castaño claro, con bucles, ojos verdes que parecían zafiros y una figura que desearía cualquier modelo.
La acompañaban dos chicos, realmente guapos. Uno era de cabello oscuro, ojos verdes y piel blanca como la nieve. El otro también era de piel blanca y cabello oscuro, con la diferencia de que tenía ojos dorados.
Eran simplemente bellos. Nadie podría igualar tan radiante belleza, por más cirugía que se hiciera.
-Señorita, aquí está su vaso -me dijo la azafata logrando que apartara mi mirada de aquellas personas.
-¡GANÉ!
Ese grito hizo que me sobresaltara y la azafata terminó por volcarme toda el agua contenida en el vaso.
-Perdón. Cuanto lo siento -dicho esto, salió corriendo.
Me quedé asombrada por la reacción de la mujer. ¿Acaso actuaba así siempre ante los problemas?
-Oh, por dios, que torpe soy. ¡Cuánto lo siento! -me dijo la chica que jugaba videojuegos con uno de sus acompañantes.
-No, está bien.
-No, esto no está bien -había preocupación en su voz-. Realmente lo lamento. No había visto que la azafata estaba ahí. Si la hubiese visto habría tenido más cuidado.
-Hubieses gritado de todos modos -dijo el chico de ojos verdes.
-Cállate, Felix -le ordenó ella, golpeándolo en el brazo.
-En serio, no pasa nada. Es sólo que me asustaste con el grito -le dije.
-Perdón. Me salió del alma porque finalmente pude ganarle a este tonto.
Reí. La chica parecía simpática y graciosa.
Ella tomó una de sus valijas y la abrió. Hurgó entre la ropa, sacó una camisa blanca y me la tendió.
-Toma. Es lo menos que puedo hacer por haberte mojado la remera.
-No puedo aceptarla. Además no me quedaría bien.
-No le lleves la contraria a Kate -me dijo el chico de ojos verdes, Felix.
-¿Por qué? -le pregunté, confusa.
Tomándome por sorpresa, la chica, Kate, me agarró de la mano y me llevó hasta el baño. Su mano era fría como un cubito de hielo. Abrió la puerta, me dio la camisa y se quedó ahí esperando. Tenía una mirada desafiante.
-Está bien. Me la pondré.
Ella sonrió y salió cerrando la puerta tras ella.
No quería problemas, así que me cambié. La camisa me entraba perfectamente.
Salí del baño y me dirigí a mi asiento. Kate me miró y sonrió, complacida por el resultado.
-Te la regalo. Te queda diez veces mejor que a mí.
-No puedo aceptarla.
-Mejor acéptala -me previno el chico que tenía ojos dorados.
-De acuerdo. Me la quedo. ¡Que alegría! -dije, fingiendo que estaba alegre.
Me senté en el asiento, y Kate se sentó a mi lado.
-Imagino que ya sabes como me llamo- me dijo.
-Sí. Te llamas Kate, ¿no?
-Sí. Y supongo que tú también tienes un nombre. ¿Cuál es?
-Emma.
-Muy lindo.
-Gracias- dije, ruborizándome un poco.
Noté que Felix me miraba demasiado. Y eso me hacía sentir incómoda.
-¿Pero dónde están mis modales? -dijo Kate en ese momento-, Emma, ellos son Felix y Demetri- presentó a los chicos.
-Mucho gusto- saludó cortésmente Demetri-. Lamento que hayas tomado el mismo vuelo que esta loca.
-Me las pagarás Demetri Vulturi.
-Sólo digo la verdad Kate -se defendió.
Kate bufó.
-Discúlpalo, Emma. Al parecer su madre lo dejó caer de su cuna cuando era un recién nacido, y eso afectó su cerebro.
-Muy gracioso, señorita -dijo Demetri con aire ofendido.
Reí. Ellos eran graciosos. Sin embargo, Felix no dejaba de observarme. Esto se ponía cada vez peor.
-¿A dónde te diriges, Emma? -preguntó Kate, con expresión curiosa.
-A Forks.
-¡¿A Forks? ¡Nosotros también vamos allá! -gritó tan fuerte que casi me dejó sorda.- Lo siento.
-La próxima vez avísame cuando quieras gritar.
Kate asintió.
-¿Por qué razón van a Forks? -pregunté.
- Vamos a visitar a los Cullen -respondió Felix.
- ¿Los Cullen?
- Son amigos nuestros -me explicó-. Hacía tiempo que no los veíamos y pensamos que una visita no estaría mal.
- Y tú, ¿por qué razón viajas? -preguntó Demetri.
Me quedé callada. No quería responder a esa pregunta. El sólo hecho de pensar en mis padres me hacía sentir triste.
- ¿Qué ocurre? -preguntó Felix-. ¿Estás bien?
- Sí -mentí-. Discúlpenme un segundo, voy al baño.
Me levanté del asiento y me dirigí hacia el único lugar donde podría llorar en privado.
Una vez adentro me senté en el piso y mis lágrimas comenzaron a caer. Me venía la imagen de ellos a la mente. Ya no podía seguir así. Necesitaba la ayuda de mi amigo.
Esto era algo que no lograría superar sola.
No sé cuanto tiempo pasé ahí encerrada, pero cuando estaba a punto de salir, alguien tocó la puerta.
Me levanté y abrí la puerta para encontrarme cara a cara con Felix.
-¿Estás bien?- me preguntó.- Kate está preocupada. Llevas aquí 15 minutos.
-Lo siento. No era mi intención preocuparla -me disculpé.
Sorpresivamente, Felix entró al baño, cerró la puerta con llave y se volvió para mirarme a los ojos.
En ese instante, me acorraló entre su cuerpo y la pared. Subió su mano hasta mi mejilla y comenzó a acariciarla, mientras que la otra la colocaba en mi cintura. Me estremecí. Sus manos estaban heladas. Y su rostro a escasos centímetros del mío. Sus labios estaban muy cerca. Demasiado.
-¿Qué ocurre? -le pregunté.
-¿Quieres saber? -me dijo.
-Sí.
Me detuve a pensar que era lo que le ocurría. Pero todas mis respuestas fueron respondidas en el momento en que posó sus labios sobre los míos. Eran suaves pero a la vez muy fríos y duros. Sentía que besaba a un mármol.
Sin embargo, subí mis brazos hasta su cuello y los dejé allí. Ese beso era agradable.
Sus manos, que antes acariciaban mis mejillas, bajaron hasta los botones de mi camisa para sacármela. Traté de quitar sus manos de allí, pero no podía, me tenía firmemente agarrada.
Finalmente, me la sacó. Y yo seguía sin poder liberarme. No quería nada de eso. Era algo que no me esperaba.
Todo empeoró cuando intentó sacarme el top que llevaba puesto. Ahí lo empujé con toda la fuerza que tenía, me coloqué la camisa y traté de salir, pero su mano me agarró de la muñeca.
-Emma, por favor no te vayas -se disculpó-. Realmente lo siento. No sé que me pasó. Jamás me había ocurrido algo como…
-Claro -le corté-. Es la excusa más vieja que he oído. ¡Yo no soy un objeto!
Terminé de abrochar los botones y salí de allí tan rápido como me lo permitieron mis piernas.
Llegué hasta donde estaba Kate, quien me miraba con expresión dudosa. Felix me seguía atrás.
-¿Algún problema?
-No -respondí rápidamente, mientras me sentaba.
-De acuerdo -creo que no la convencí mucho-. Te haré una pregunta y tú tienes que responder con sinceridad -me dijo-. Bien, primera pregunta: ¿cuándo naciste?, quiero fecha completa. Día, mes y año.
-Ok. Nací el 21 de Diciembre de 1991.
-Segunda pregunta: ¿te gustaría ser mi amiga?
No necesité mucho tiempo para responder. Kate era simpática, y sin duda sería una buena amiga. De esas a las que les puedes confesar un asesinato y sin embargo lo mantendrán en secreto; con las que puedes divertirte hasta que no das más del cansancio; a las que te acompañan en tus penas y tratan de consolarte. Pero sobre todo, a la que le gusta tu forma de ser y que está contigo sólo porque realmente desea estarlo.
-Sí.
-¡Gracias! ¡Ahora tengo una nueva amiga! -gritó de alegría. Luego se calmó un poco y largó su siguiente pregunta-. Bien, tercera pregunta: ¿quiénes son tus padres y dónde están en este momento?
Al escucharla me quedé helada. No quería responder. Sentí un enorme hueco en mi estómago, y parecía que mi corazón se encogía hasta quedar del tamaño de un ratoncito.
La sola mención de la palabra "padres" me recordaba mi infancia. Aquella en que la que fui tan feliz, rodeada de las dos personas que más me amaban en el mundo. Que a pesar de los problemas que tuvieran en el trabajo, nunca les impedía regalarme una cálida sonrisa.
No podía negarlo, los echaba mucho de menos. Necesitaba llegar a Forks de inmediato. Tenía que ver a Embry, pues era el único que podía ayudarme a salir adelante.
-¿Qué ocurre? -Kate interrumpió mis pensamientos.- ¿Dije algo malo?
-Debo contarte algo -ya que era mi nueva amiga, me pareció justo que supiera todo lo que me atormentaba en estos momentos-. En respuesta a tu pregunta, mis padres se llaman Robert y Samantha Stone. Hace unos pocos días fallecieron en un accidente de auto, lo cual me destrozó el alma. Y estoy camino a Forks por dos razones. La primera, quiero empezar una nueva vida, desde cero. La segunda, tengo un amigo que vive allí que puede ayudarme a superar esto.
Kate, Felix y Demetri se quedaron mudos ante esa explicación.
-Cuanto lo siento, Emma -dijo Demetri-. Con razón te pusiste triste. Se leía en tu rostro.
-Yo también lo siento. Emma, si hubiese sabido que tus padres habían muerto, no te habría preguntado eso -se disculpó Kate.
-No tienes la culpa -la tranquilicé-. Tú no sabías nada.
-Pero aún así lo siento. ¿Podrías perdonarme por mi imprudencia?
-Pero claro que sí. Somos amigas. Se supone que las amigas se dicen todo y…
-Se apoyan unas a otras -completó, mientras me abrazaba-. Bueno, ¿dónde habíamos quedado?
Seguimos preguntas durante todo el tiempo. Cuando estábamos por aterrizar, yo ya sabía muchas cosas sobre Kate. Su nombre completo es Kate Vulturi. Nació el 17 de Diciembre de 1988. Su padre es Aro Vulturi y vive en Italia, pero no tiene madre ya que murió cuando ella nació. No le gustan los niños, es más, los odia, y si hay una cosa que más detesta en la vida, es que le mientan. Sin embargo, ama el helado de chocolate, negro, le gusta cantar y estar con gente peligrosa (esto último no lo entendí mucho, pero no le di importancia).
Cuando Felix y Demetri nos dieron un tiempo a solas, le conté mi pesadilla. Ella escuchó atentamente, y me aseguró que sólo había sido un sueño. Esperaba que eso fuera cierto.
Finalmente aterrizamos en el aeropuerto de Seattle. Kate y yo nos dirigimos a buscar las valijas mientras los chicos iban a verificar si había llegado el auto que les habían mandado desde Volterra.
-¿Te gustaría venir con nosotros? -me preguntó.
-No quiero ser una molestia, además ya tengo un asiento reservado en el autobús.
-Oh, está bien- su voz sonó triste.
La verdad es que era cierto lo del asiento, pero la verdadera razón es que no quería viajar en el mismo auto que Felix. No después de que me tratara como un juguete para satisfacer sus necesidades sexuales.
-Adiós, Kate -me despedí de mi amiga. Me encantaba referirme a Kate de ese modo.
-Adiós, Emma. Tienes mi teléfono, así que algún día llámame. Promételo.
-Lo prometo -la abracé-. Adiós chicos.
-Adiós. Fue un placer conocerte -dijo Demetri.
Me encaminé hacia el autobús y me senté en el asiento en el que debía sentarme. Como estaba cansada, decidí dormir un poco.
Desperté al poco tiempo. Miré por la ventanilla y descubrí que ya habíamos llegado a Forks.
Se veía que era un pueblo pequeño, de seguro no pasaba los 4.000 habitantes. También escuché que siempre estaba nublado y hacía frío. Sin embargo, hoy estaba soleado, hacía un poco de calor y soplaba una fresca brisa, la cual me pareció agradable.
Cuando bajé del autobús tomé un taxi para que me dejara en la entrada de La Push. Al llegar, pagué y salí del auto para dirigirme a casa de Embry.
La Push era una reserva india. Había un inmenso bosque, lleno de árboles que parecían tener 3 metros de altura. También había una playa, a la que iban muchos chicos.
Comencé a adentrarme en el bosque, pero con cada paso que daba, sentía que me estaba perdiendo.
Gran suerte la mía, me perdí. Tenía la esperanza de que alguien apareciera y me guiara. Cuando comencé a buscar con la mirada a ese "alguien" que me pudiera ayudar, divisé un par de ojos oscuros que me observaban desde un arbusto.
Lentamente fue acercándose, saliendo de su escondite. Al verlo, la sangre se me heló y un terrible pánico se apoderó de mí. Era el lobo de mi pesadilla. Enorme y de pelaje rojizo. Esto no podía ser cierto.
El lobo de mi pesadilla se volvió realidad.
Bienvenidos!!
Hola a todos! Me encanta la Saga Crepúsculo de Stephenie Meyer. He leído muchos fics acerca de esta saga y es lo que precisamente me ha inspirado a crear las mías. Este blog está creado para poder publicarlas. Espero que sean de su agrado y que las disfruten.
Saludos,
Avery
Saludos,
Avery
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